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El pulso veracruzano


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Entrevista

Luz del Carmen Blanco Cornejo

Un arte milenario

Alejandra Ramírez Castilla


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“Carmelita Blanco Cornejo es una auténtica cristiana,
una persona culta que nos ha guiado en el
entendimiento del arte bizantino, en el que ella es
una representante digna y autorizada.
Es de reconocerse el respeto que ella le da
a su manera de trabajar, a su manera de expresar
la espiritualidad, que indudablemente lleva por dentro.
Es una mujer que habla bellamente, de las cosas bellas”.


Cardenal Emérito don Sergio Obeso Rivera



Luz del Carmen, Carmelita como la llaman sus seres queridos, es una mujer transparente. Conocerla y conocer su hogar deja muy claro quién es: una mujer que ama sus raíces, su familia, el hogar, el arte, las imágenes y su fe.

A la salida de Xalapa se encuentra su casa-atelier. Ahí cuenta la historia de su vida, de sus estudios, sus pasiones, su arte, que no es un arte cualquiera. Si se busca la definición de iconografía en internet, se puede encontrar: “La iconografía es una disciplina, desprendida de la Historia del Arte, que se encarga del estudio, la descripción, el análisis y la clasificación de las imágenes sobre personajes, temas o tradiciones contenidas en retratos, cuadros, retablos, estatuas y monumentos, así como de su simbología y atributos”. Si buscamos Iconógrafa, de inmediato nos aparece el nombre de Luz del Carmen.

Luz del Carmen Blanco Cornejo nació en Plan de las Hayas, un pueblo cafetalero ubicado en la sierra de Veracruz. Sus estudios los realizó en la Ciudad de México, graduándose, en 1989, como Licenciada en Administración de Empresas en la Universidad Autónoma Metropolitana de Xochimilco. Asegura que “el arte siempre te encuentra”, y aunque desde niña le interesó y con el tiempo se alejó de él, le salió al paso y retomó su camino. “Afortunadamente llega a mi vida, primero con la técnica monástica de labrado en metal y lo estudio como tal, al grado de hacer un máster en labrado bizantino. Por lo que aprendí las técnicas monásticas, como labrar la plata y el estaño, y ahí me empieza interesar toda esa simbología que estaba en todo lo que yo trabajaba, es decir, los diseños tenían demasiados símbolos y signos que me llamaban la atención. Como no sabía cómo resolver el entendimiento de toda esa simbología, entonces me dediqué a investigar y esa investigación me llevó, evidentemente, al mundo ortodoxo, con todos los monjes ortodoxos. Después de tocar la puerta muchas veces, es que se da esta apertura de empezarme a guiar en el camino y yo por supuesto dejarme guiar, que eso también es importante, siempre en la vida”.

Luz del Carmen Blanco Cornejo en su atelier, donde preserva una admirada técnica medieval.

Carmelita es una artista en todos los sentidos, es sensible y creativa, detallista. La tranquilidad de su estancia se disfruta con la armonía de cada mueble y cada objeto. Su hogar se forma entre madera, velas, cristal, color, destellos dorados y figuras. Charlas entre tazas de café y, junto a ella, un corazón de arcilla con rayos en lámina de cobre con aluminio sobre un trozo de madera: “De nosotros mismos libéranos señor”.

“Fui avanzando en estudio de libros que encargaba y leía, evidentemente en el camino seguí avanzando en estas técnicas. Después me presenté con don Sergio Obeso y le dije ‘eso es lo que sé hacer y me gustaría regresarlo al tesoro que pertenece, que es a la Iglesia’, también me presenté con el padre Sotelo Domínguez, que en ese tiempo era rector del Seminario Mayor. Y entonces, fui profesora del Seminario Mayor y del Monasterio Benedictino de Santa María de Todos los Santos, en donde enseñé la técnica que yo sabía con un fundamento teológico que fui investigando. Posteriormente empecé a estudiar académicamente un diplomado en Ciencias Religiosas y después un diplomado en Teología Fundamental (Ambos por el Pontifico Instituto Catequético, Escuela de la Fe. 2003-2006) que me dio entonces las bases absolutas de todo este mundo que se me había abierto de par en par. Después me fui a Roma a especializarme para aprender esta técnica del temple al huevo, que es una técnica monástica medieval. Este ha sido todo el camino que me trajo hasta el día de hoy”.

Estudió en 2013: Signior en Iconografía in Cittadella dell Inmacolata Pontificia Facolta Teológica San Buenaventura Seraphicum, Roma, Italia. En 2016: Signior en Iconografía in Laboratorio estivo Maria Galie Monasterio Benedictino de Santa Escolástica, Subiaco, Italia.

Históricamente, la técnica de pintura al temple, y especialmente el temple de huevo, tuvieron su máxima vigencia en los siglos medievales anteriores a la consolidación y difusión de la pintura al óleo, ocurrida entre el siglo xv y el xvi. Se entiende por pintura al temple aquella técnica que utiliza el agua para disolver los colores, añadiéndosele como aglutinante las emulsiones, es decir, mezclas íntimas de líquidos oleaginosos con agua. Los aglutinantes empleados en concreto por la pintura al temple son: el huevo (tanto entero, como la yema o la clara solas), la caseína, la goma, la cola o la cera, o cualquier otra sustancia unida al agua. (Varios autores.- Introducción general al arte, Ed. Istmo, Madrid 1980. Págs. 252-257).

Luz del Carmen es una artista con conocimiento y disciplina. Ella sigue a pie juntillas las técnicas y los procesos, los ingredientes e instrumentos y se permite libertad cuando de interpretación e innovación se trata, como cuando la invitan a muestras de arte contemporáneo, dice: “Yo accedí de primera instancia a Roma, y sí, allá se estudia más de una manera ortodoxa, es decir, fiel al origen, tal cual como se hacía y se sigue haciendo, es una receta que no tiene innovación, en ese caso el ícono como es una tradición de la Iglesia y además es una tradición teológica, una tradición sacra, entonces no merece una interpretación del artista, eso es importante decir. Normalmente el arte religioso es una interpretación de la persona que está realizando lo que sea, pero el arte sacro como tal, no tiene que ser interpretación personal, sino que te tiene que decir la historia teológica, de una fe, en este caso de la fe católica”. Asegura que no se ama lo que no se conoce, pero si se conoce se respeta la técnica y se entienden las razones de por qué en el arte religioso debe darse toda la información y respetarse, porque es la historia que lo sustenta.

“Al ser iconógrafa, precisamente de eso es el estudio absoluto de la imagen y su fundamento en cuanto a que la historia, esas mil palabras que contiene la imagen, al ser teológica tiene que seguir contando esa misma historia porque si no, contaría otra. Por eso es tan importante entonces saber estudiar la vida de cada uno de los santos, de las advocaciones marianas, de la virgen que es la misma, pero dependiendo dónde se presenta, es el nombre que toma y, entonces en ese lugar que se presentó está ataviada de una manera diferente a como estaría en otro lado, la inclinación de su cabeza, sus manos, todo ese lenguaje que tiene hay que saberlo interpretar y por supuesto hay que estudiarlo y después respetarlo”.

La iconografía sacra (Arte sacro: aquellas producciones y obras artísticas que tienen como fin rendir culto a lo sagrado o divino. Se encuentra en el catolicismo, en el budismo y en la religión musulmana, entre otros. En él, la composición de las imágenes religiosas no se deja a la inspiración de los artistas, sino que deben revelar los principios básicos expresados por la Iglesia y la tradición cristiana) abarca el estudio y clasificación de todos los personajes, las posturas, la vestimenta, entre otras. Es por ello que para Luz del Carmen, es importante que ella como iconógrafa tenga el conocimiento, pero también el público que admira la obra, e incluso, que lo tiene en sus hogares. Es por ello que también da conferencias en donde comparte con las personas interesadas en este simbolismo.

“En lo sacro son tantas las categorías, es decir, todos los ángeles es un genérico, que puede ser desde los serafines hasta los arcángeles y, cada uno de ellos tiene algunos elementos específicos que los diferencian. El querubín, por ejemplo, es aquel angelito que vemos sólo con la carita y las alas; el serafín es aquel que vemos con seis alas que le cubren, por así decir, sus brazos, sus piernas, su cuerpo y normalmente está en tono rojo porque está más cerca de Dios; de tal modo que se pierde uno en cada una de estas categorías, por eso es tan importante este estudio. También a mí me interesa dar estas conferencias, porque la gente se va comprendiendo el tema específico, es decir, se habla solamente de un santo y entonces se agota el tema, bueno no es que se agote, pero se profundiza para que la gente entonces pueda comprender muy bien, de tal modo que cuando vea ese santo lo pueda identificar. Si estamos hablando de la Anunciación, que sepan que siempre el ángel que está ahí con María es Gabriel, por los tonos, por la manera como tiene su manita. Entonces más que una categoría general siempre es específica de cada tema”.

Sólo emplea instrumentos y materiales precisos,
la mayoría europeos.

Carmen tiene una maestría en Cultura Mexicana, Liturgia y Pastoral, con especialidad en Arte Sacro, por el Ateneo Pontificio Regina Apostolorum, cursada entre 2015 y 2017. Es de las pocas mujeres en el mundo iconógrafas de arte sacro, y es la única iconógrafa mexicana que comulga con esta ideología.

“Hay muchos iconógrafos en el mundo y sobre todo en el ambiente ortodoxo, allá se sigue escribiendo el ícono tal cual, los ortodoxos siguen en eso, pero estamos en el entendido de que el catolicismo nos llega de España, de tal modo que trae consigo una imagen de bulto de madera, no es que haya llegado aquí el ícono como tal, sin embargo, tenemos nuestra imagen nacional, que es la Virgen de Guadalupe. En realidad hay más talladores o hay más personas que se dedican a la aplicación de hoja de oro, pero el escribir el ícono con una técnica monástica medieval, que fue con varios siglos antes de la conquista, entonces está como desfasado, de tal modo que sí, efectivamente, somos pocos los que existimos en México, son ortodoxos y mujeres somos muy pocas.

“Al ser iconógrafo, tienes que comulgar con la tradición de la Iglesia, absolutamente, porque estás contando una historia sacra, no estás contando tu historia, es decir, eso es lo que lo que implica ser iconógrafo: tienes que comulgar con esta fe y seguir contando esta historia, sin tu punto de vista”.

Carmelita es una mujer religiosa, una mujer entregada a su fe, por eso su trabajo es especial y cobra mucho valor para quien lo adquiere. Cuando realiza trabajos de Evocación al Espíritu Santo, por ejemplo, lo hace como lo hacían los monjes en los monasterios europeos en la antigüedad. Pide fotografía y nombres de todos los integrantes de la familia, asiste a misa, comulga, ayuna y ora por ellos, para que cuando ese trabajo llegue al hogar de esa familia, llegue con bendiciones y oración.

El arte sacro bizantino es lo que más disfruta, no obstante, realiza arte contemporáneo también. Es de las pocas personas avaladas por los ortodoxos, ya que su trabajo es fiel al origen y dedica su trabajo a seguir contando una historia sacra, cosa que ella agradece ya que es de las mejores cosas que le han pasado en la vida. “Es una puerta que se me abrió a la espiritualidad y es cuando te das cuenta que cuando te dejas guiar y cuando dejas hacer, cuando te aminoras tú, que eso es lo más complicado para el ser humano porque siempre queremos avanzar como persona, pero cuando te haces pequeño como decía San Pablo, y dejas pasar aquella gracia, pues la gracia habla por sí sola, no tienes que hacer nada. El ícono es lo que hace, simplemente dejas hablar y él hace todo solo”.

La iconógrafa veracruzana siempre agradecerá su don y talento a Dios, y una manera de hacerlo es donando su trabajo y poniéndolo al servicio de la fe, cuando de la Iglesia se trata. Por eso es que hay muchos trabajos de ella por el mundo, como es el caso, en 2006, del diseño y elaboración del obsequio para S.S. Juan Pablo II con motivo de la canonización de San Rafael Guízar y Valencia. En 2013, de la propuesta, diseño y elaboración total de la cobertura labrada en metal del Evangeliario de la Basílica Papal San Paolo Fouri le Mura, en Roma. O en 2016, que hizo el diseño y elaboró los relicarios de bolsillo para el papa Francisco. Además de hacer en el estado de Veracruz diferentes trabajos de restauración y aplicaciones de hoja de oro, por mencionar sólo algunos.

Luz del Carmen recibió el ministerio de Iconografía por manos del cardenal don Sergio Obeso Rivera (1931-2019), ha sido profesora de Iconografía y Labrado Bizantino del Monasterio Benedictino y de Santa María y Todos los Santos, del Seminario Arquidiocesano de Xalapa Rafael Guízar y Valencia, de Carmelitas Descalzas de Claustro, del Centro Cultural Fridarte, del Instituto para la Cultura y las Artes Realia Cultura, así como de su atelier en donde imparte talleres intensivos. Ha participado en exposiciones, muestras artísticas y religiosas, es autora del libro Rosario, y ha participado en el concurso Internacional Catalog of Iconographers Divine Temple, obteniendo el segundo lugar en 2016 y el tercero en 2018. Es directora de Xalapa Sacro, plataforma que tiene como objetivo la promoción, estudio y divulgación del patrimonio cultural sacro y religioso del estado de Veracruz, además de la organización y realización del Festival de Arte y Música Sacro, Xalapa, que en 2020 tendrá su quinta edición. “Hay veces que la gente comenta: es que hay que ganar de esto, pero creo que lo que más podemos ganar es dejarle ese legado a nuestro país, de que todos podemos sumar esfuerzos a favor de algo, todos podemos elevar cada vez más los criterios establecidos de nuestro país, para poder tener una cultura más consolidada”. Otro de sus grandes logros fue traer la exposición “La réplica de la Sábana Santa”, como parte de las actividades de este festival.

La iconógrafa rescata mínimas maderas
para hacerlas arte.

De las cosas que más disfruta hacer, y en las que encuentra especial fascinación, es en el labrado de metal, la realización de relicarios y en el ícono, le gusta escribir a la Virgen María. Los materiales y herramientas con que trabaja son tan especializados que muchos de ellos deben ser traídos desde Europa, como la peneleta, con la que aplica las hojas de oro, y que es una brocha de pelo de marta, o como en el caso de las hojas de oro que son de España o de Alemania. Sin embargo, gracias al curso de fórmulas antiguas de Temple Imprimatura y escritura de íconos que tomó en Oaxaca en 2015, trabaja también con pigmentos de plantas: “Eso lo aprendí en Oaxaca, aquí en México, y además la grana cochinilla que es el rojo mexicano, me gusta mucho usarla. Es así: el bicho secarlo, después triturarlo y sacar el polvito y el color. El último ícono que envié en un concurso llamó mucho la atención porque el rojo que ocupé para el manto de Nuestra Señora, fue de grana cochinilla y, obviamente, el color es intenso, es vibrante, es realmente mágico porque atrae, es demasiado rojo, y eso solamente se logra con la grana cochinilla”.

Pero esos materiales son sólo una parte de lo que Luz del Carmen trabaja, mucho de lo que utiliza lo encuentra por su camino, en una carretera, en un jardín, en los restos de otra obra. Su familia y amigos la han ayudado a subir un gran carrete al auto, a transportar una pieza de madera de una iglesia, a cortar en trozos un tronco de madera... “Reutilizo muchísimo y la verdad es que de ahí salieron proyectos muy importantes y sobre todo muy interesantes. Una vez un trozo de árbol lo compramos entre varios para ayudar a una iglesia, a un sacerdote. Le dije que compraríamos el árbol y sacaríamos unas tajadas. Evidentemente al hacer el corte se desaprovecha gran parte del árbol, entonces, sólo salieron tres íconos que se rifaron. Todos los pedazos, que mucha gente ocuparía para leña, yo la verdad los utilizo. Primero avejento la madera, o sea, los echo a perder, literal, una vez que digo hasta aquí, detengo el proceso; le inyecto algunas cosas para los bichos y todo eso, después restauro la madera, la nutro y luego le encuentro una cara para poder, sobre ese pedazo de madera, hacer un trabajo y que, además, han llamado muchísimo la atención. De hecho unos arquitectos de la Ciudad de México, me pidieron este tipo de trabajo para sus casas muestra y, en realidad yo mandé un pedazo de ícono, yo le llamo un pedacito de eternidad, porque de todos modos es una ventana sacra a la que te asomas. La persona no sabe de primera instancia más que cuando se acerca y se deja mirar por ese pedazo de ícono.

Una mujer de proyectos grandes en donde pueda sacar la casta, en donde se apasione, crezca y se involucre al 100. Así es Carmelita, una mujer de familia, hogareña, inteligente, sensible, espiritual, de la que quien la conoce se hace amistad, se vuelve apoyo. Una artista comprometida que quiere no sólo seguir estudiando y aprendiendo, perfeccionando sus técnicas y habilidades, sino y sobre todo, una artista que quiere dar y regresar a su entorno, todo ese conocimiento, talento y don que ha recibido a través de su fe.

“Hay mucha gente que aprecia mucho esto porque además debo decir que con todo y esta técnica monástica, lo hago también con todo este sentido espiritual, oro por la persona que encarga el trabajo y por quien lo va a recibir, de tal modo que conformo un ramillete espiritual y eso es importante, porque no se va el detalle sólo, sino se va acompañado de oración, por supuesto es lo más valioso del trabajo, lo más valioso que hago es la oración”. >X<





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